En el cierre de la cumbre en Gran Bretaña, el grupo de las economías más poderosas anunció que le dará al programa Covax esas vacunas para los países pobres; pidió investigar el origen del virus y llamó a respetar a los uigures

Luisa Corradini CORRESPONSAL EN FRANCIA LA NACION

PARÍS.– Felicitándose por una “unidad recuperada”, los países del G-7 confirmaron ayer su intención de distribuir más de 1000 millones de vacunas anti-covid a los países más frágiles antes de fines de 2022 y promover el desarrollo de nuevos tratamientos y vacunas, con la esperanza de erradicar la pandemia.

Después de tres días de intenso intercambio en la ciudad británica de Carbis Bay, la cumbre también reiteró sus compromisos de luchar contra el calentamiento climático prometiendo obtener 100.000 millones de dólares para las naciones en desarrollo, apoyó el acuerdo sobre la fiscalidad de las multinacionales y propuso un vasto plan de infraestructuras para los Estados más frágiles.

“Pedí a mis homólogos que nos ayuden a preparar y entregar las dosis necesarias para vacunar a todo el mundo antes de fines de 2022”, declaró el anfitrión, el primer ministro británico, Boris Johnson, al término de la cumbre. “Todos se comprometieron sobre la base de 1000 millones de dosis”, que serán financiados a través del dispositivo Covax”, agregó.

La donación de vacunas a los países más desprotegidos era uno de los objetivos fundamentales de la cumbre y los dirigentes de Alemania, Francia, Italia, Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y Japón se comprometieron a entregar el equivalente de

1000 millones de dosis antes de que termine 2022. En los próximos 12 meses, el dispositivo Covax –piloteado por la Organización Mundial de la Salud (OMS)– recibirá 870 millones de dosis, la mitad antes de fin de año. Esto llevará a 2000 millones de dosis el esfuerzo total desde que comenzó la pandemia, que ha provocado 3,8 millones de muertos. El objetivo del

G-7 es vacunar al 60% de la población mundial antes de fines de 2022.

El presidente norteamericano, Joe Biden, prometió una donación de 500 millones de vacunas de Pfizer-biontech. Boris Johnson indicó que su país entregaría 100 millones de sus dosis de excedente. Francia duplicará su donación, llevándola a 60 millones antes de fin de año. La Unión Europea (UE) intentará contribuir en el mismo período con 700 millones de dosis, según la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen.

“Demasiado poco”, deploran numerosos actores, desde las ONG hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS): al menos 11.000 millones de dosis son necesarias para poner fin a la pandemia.

Los líderes del G-7 solicitaron asimismo una nueva investigación de la OMS sobre los orígenes de la pandemia, sobre todo en China. Para prevenir nuevas crisis sanitarias, también prometieron acortar a menos de 100 días el ciclo de desarrollo de vacunas, tratamientos y tests seguros y eficaces.

Calentamiento global

Ante la falta de consenso, la cumbre se comprometió por otra parte a continuar el debate en el seno de la Organización Mundial de Comercio (OMC) de la eventual anulación de patentes para la fabricación de vacunas. La medida, defendida por algunos líderes como Joe Biden y Emmanuel Macron, así como por las ONG, es resistida, entre otros, por Alemania.

Pocos meses antes de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Clima (COP26) en la ciudad escocesa de Glasgow, los líderes del G-7 se comprometieron nuevamente a aumentar su contribución a la financiación de la lucha contra el cambio climático. El objetivo es obtener 100.000 millones de dólares de recursos públicos y privados por año hasta 2025 para ayudara los países más frágiles a reducir sus emisiones de gas y luchar contra el calentamiento global.

El G-7 también definió medidas para reducir las emisiones de carbono, sobre todo poniendo fin casi todas las ayudas públicas directas al sector de las energías fósiles en el extranjero y suprimiendo progresivamente los vehículos a diésel y nafta. Los siete países del exclusivo club se comprometieron a alcanzar la neutralidad carbono a más tardar en 2050 y reducir el 50% de sus emisiones de CO2 antes de 2030, con relación a 2010. En cuanto a la biodiversidad, el objetivo fijado es el de santuarizar por lo menos el 30% de las tierras y los océanos antes de 2030.

La cumbre ratificó el acuerdo de reforma fiscal. Obtenido por sus ministros de Finanzas días antes, establece la creación de una tasa mundial a las sociedades de por lo menos 15% y una imposición nacional a las grandes empresas planetarias, en particular a los gigantes del digital.

Por iniciativa de Estados Unidos, el G-7 propondrá a los países en desarrollo un vasto programa de renovación de sus infraestructuras a fin de poner freno al avance de la competencia china, calificada de “desleal”. Si bien la Casa Blanca evaluó ese plan en unos 40.000 millones de dólares, el comunicado final de la cumbre no dio cifras.

Como pretendía la administración Biden, el texto solicita asimismo a Pekín respetar los derechos humanos en la región del Xinjiang y acordar más autonomía a Hong Kong. Los siete también piden a Rusia que “cese sus actividades desestabilizadoras”, incluidas las interferencias electorales, que respete los derechos humanos y que “exija explicaciones” a los responsables de ciberataques lanzados desde su territorio.

Tras tres días de debates, donde no faltaron algunas tensiones entre la UE y el primer ministro Boris Johnson, que pretende renegociar los acuerdos del Brexit sobre la provincia británica de Irlanda del Norte, los líderes del G-7 se separaron anoche con la satisfacción expresa de haber “recuperado la unidad y la confianza” transatlántica.