La mayoría de los hisopados para detectar Covid se hacen a través de ese examen. Cómo y quién la descubrió en los años 80

Por Florencia O’Keeffe

     @florenciaok

03:05 hs – Lunes 10 de Mayo de 2021 La Capital

“El resultado de la PCR me dio negativa”; “me tengo que hacer una PCR porque tengo síntomas”; “me pasaron el resultado de la PCR y resulta que tengo Covid”. Frases como éstas se multiplican todo el tiempo y en todo el mundo desde hace más de un año. La pandemia familiarizó a la población con términos que solo quedaban reservados para los médicos o los bioquímicos, pero en general, se sabe poco de su significado y mucho menos de su historia.

El científico Diego de Mendoza habló con La Capital sobre un hecho curioso, que aconteció hace casi 60 años, y que fue fundamental para que en la actualidad la “reacción en cadena de la polimerasa”, PCR por sus siglas en inglés, sea un método de diagnóstico de uso cotidiano y mucho más desde que el Covid la exige, entre otras técnicas, para ser detectado.

El investigador superior de Conicet, doctor en Bioquímica y profesor emérito de la Universidad Nacional de Rosario, recordó a Thomas Brock, un microbiólogo estadounidense fallecido hace poco más de un mes, ya que gracias a su curiosidad hoy existe la PCR.

Ese hombre, quien hizo una prueba en principio muy sencilla, abrió todo un mundo en el campo de la ciencia mundial. “En 1964, el doctor Brock detuvo su auto en el parque nacional Yellowstone mientras viajaba a la costa oeste. El no había estado nunca en ese lugar y se sintió atraído por las aguas termales que estaban cerca del lago del parque. La temperatura de esas aguas era superior a los 80 grados celsius. Brock, como buen microbiólogo, se preguntó si en esas aguas termales podrían sobrevivir microbios. Para investigar esa posibilidad consiguió dinero de la Fundación Nacional de Ciencias de los Estados Unidos y empezó su proyecto de investigación. ¿Cuál fue el primer experimento? Muy simple: sumergió una fina placa de cristal que puede observarse en un microscopio. Dejó las placas unos días en las aguas termales de Yellowstone, las secó y luego las observó al microscopio”, relató el investigador.

“Para su alegría — continuó de Mendoza— las placas contenían microbios”. De esa forma, “pudo cultivar las bacterias presentes en el agua hirviendo y a una de ellas, en 1969, la llamó bacteria termoacuática, que crece a 80 grados. Luego fue depositada en una colección de bacterias que es accesible a cualquier investigador que desee utilizarla”, dijo.

Un largo y productivo camino

Pero, ¿cuál es la relación que hay entre aquella bacteria y la PCR? “Muchos investigadores se sintieron atraídos por esta bacteria de agua caliente y se pudo demostrar que contenía una proteína llamada Taq (de termoacuática) Polimerasa, capaz de copiar el ADN a una temperatura de 80 grados. Uno de esos investigadores, en 1980, utilizó la Taq Polimerasa para crear copias ilimitadas de una hebra de ADN y creó una técnica a la que denominó PCR”. Ese científico fue Kary Banks Mullis, quien recibió el premio Nobel por ese descubrimiento.

Por medio de la PCR se localiza y se amplifica un fragmento de material genético que, en el caso del coronavirus, es una molécula de ARN. Ese material (una muestra respiratoria de alguien que podría tener Covid) se analiza en un laboratorio. La prueba detecta ARN del virus, y si el resultado es positivo se confirma que esa persona está infectada por el Sars-Cov-2.

De Mendoza señaló que “hay que destacar la importancia de la curiosidad, de que haya fondos para investigar, apoyo a la ciencia básica y el hecho de poner a disposición los descubrimientos para que otros colegas los tomen, los amplíen, los revisen; y así, a veces, se llega a instancias que pueden cambiar la historia de una persona o de la humanidad a partir de nuevos métodos de diagnóstico, detección de enfermedades, producción de nuevas drogas o vacunas”.

“El trabajo de Brock, descubridor de la vida a altas temperaturas, muestra lo que mencioné”, dijo el científico, quien comentó que textos que Brock escribió en 1970, como “Biología de los microrganismos” y varias ediciones sucesivas, son utilizados actualmente en la enseñanza de microbiología, y desde hace más de 30 años, en la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).