El colectivo Lgtbi se siente señalado y teme el estigma que ya vivió con el VIH, pero los expertos en salud señalan que limitar las parejas sexuales reduce el riesgo de infección

Pablo Linde EL PAÍS 

Madrid .– no existe una forma segura de mantener relaciones sexuales con personas infectadas de viruela del mono. Aunque no se trata de una enfermedad de transmisión sexual, su contagio se produce por contacto íntimo y estrecho y no hay barreras de protección, como pueden ser los preservativos. Ante esta evidencia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó el miércoles a los hombres que tienen sexo con hombres limitar el número de parejas para reducir la transmisión.

El 98% de las más de 18.000 infecciones detectadas en el mundo se han producido en este colectivo. Es un consejo “pertinente” para los especialistas en salud consultados por El País, pero que la comunidad Lgtbi siente como un señalamiento que le recuerda al estigma que vivió hace tres décadas con el VIH.

“Alucinamos un poco al escuchar la recomendación de la OMS”, señala Nahun Cabrera, vocera de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales y más (Felgtbi+) que pide a la organización que evite “estigmatizar” al colectivo. Consideran que se les culpa de la difusión de la enfermedad “por ejercer su libertad sexual, sin proponer medidas efectivas para prevenir su difusión”.

El colectivo incide en un mensaje que también ha repetido la OMS: no se trata de una enfermedad sexual, sino de contacto íntimo. Y una tendencia sexual no predispone más a la infección que otra. Cualquiera puede padecerla si tiene suficiente exposición directa al virus. “No entendemos el paternalismo de la OMS con el colectivo Lgtbi. Nos señala como si fuéramos precursores de los contagios y está generando pánico en la comunidad”, señala Cabrera, que no cree que sea conveniente “meterse” en el número de parejas sexuales que tenga cada cual.

“Lo que sí hay que hacer es informar de que antes de un acercamiento interpersonal con otra persona, mires un poco, observes. Pero no solo sexual. Si ves una persona que tiene pústulas en el brazo, no la abraces [aunque la enfermedad se puede transmitir también sin que haya lesiones]. Pasa exactamente lo mismo con el sarampión o la rubeola, que funcionan igual y están más naturalizadas”, añade el activista por los derechos Lgtbi.

Los virólogos y profesionales consultados por El País piden poner las recomendaciones de la OMS en contexto. Las relaciones sexuales están siendo la principal vía de propagación. Y la vacuna, que podría servir como protección, no llega a todos los que la necesitan. El Centro Europeo de Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés) aconseja que la reciban quienes mantengan prácticas sexuales de alto riesgo, pero las 110.000 dosis que ha comprado la Unión Europea (UE) son insuficientes, como denuncia Felgtbi+.

España es el primer país en casos detectados en el mundo (más de 3700), por delante de Estados Unidos, pero tan solo ha recibido 5300 dosis de la compra conjunta con Europa. Tanto Madrid como Cataluña han abierto citas previas para personas con prácticas de riesgo, aunque ambas administraciones admiten que carecen de las dosis necesarias. El Ministerio de Sanidad ha anunciado que la semana que viene llegarán 7000 más, que apenas cubren a los contactos directos de los casos.

Sin embargo, tanto los expertos consultados como la OMS advierten de que la vacuna tiene sus limitaciones. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general del organismo, insistió en que todavía no está claro el grado de protección que confieren los distintos tipos de inyecciones que se están administrando, formuladas para la viruela tradicional. Y, en cualquier caso, no protege al instante: la pauta es de dos inoculaciones y son necesarias varias semanas para que haga efecto completo.

Pello Latasa, de la Sociedad Española de Epidemiología, cree que no solo hay que intentar cubrir los aspectos “más biomédicos” relacionados con el diagnóstico y el tratamiento de la viruela del mono, sino también los sociales: “Es muy importante que la gente sepa qué pasa y cómo prevenirlo. Ayudar a la ciudadanía a encontrar sus propias herramientas para resolver problemas es de las cosas más eficaces que se pueden hacer, porque es un agente activo”. En este sentido, ve pertinentes las recomendaciones de la OMS de reducir el número de parejas sexuales dentro de un paquete más amplio de consejos.

Responsabilidad

Tampoco considera que se esté generando estigma Fernando García, presidente del Comité de Ética de la Investigación del Instituto de Salud Carlos III, que publicó investigaciones sobre este tema. “La OMS apela a la responsabilidad individual de los miembros de ese colectivo, sin la cual será más difícil frenar la propagación de la infección. Estigma sería decir a la población que se tranquilice porque la epidemia solo afecta a los hombres que tienen sexo con hombres. Es importante que la comunidad homosexual tome una parte activa en la decisión y no sea mera receptora pasiva de recomendaciones hechas por otros, porque para que las medidas de salud pública tengan éxito, además de las acciones de las autoridades, es precisa la colaboración de los sectores implicados”, apunta García.

Aunque el mensaje de la OMS sonó un poco “drástico”, José Antonio López Guerrero, catedrático de Microbiología en el Departamento de Biología Molecular de la Universidad Autónoma, cree que el hecho de intentar reducir “los contactos sexuales promiscuos” en el colectivo más afectado puede ser útil para frenar la enfermedad. Lo compara con el Covid-19, aunque son enfermedades completamente distintas. “[Limitar las parejas sexuales] es una forma de desconexión a la trasmisión del virus. Es hacer una cuarentena en la vía de transmisión, que hoy es fundamentalmente en contactos de sexo de riesgo, sobre todo entre hombres”. © El País, SL